Esta semana he tenido varias sesiones de coaching con empresarios de la construcción donde se repite el mismo problema.
La falta de gestión emocional nos desgasta en la gestión del personal y nos impide avanzar en el ámbito profesional.
Porque se toman la mayoría de las decisiones con el corazón (de forma impulsiva) y no con la razón (con la cabeza).
Para ilustrarte, he seleccionado una de esas sesiones de coaching y a continuación te voy a compartir:
Los 3 problemas graves que tenía este empresario.
Y…
Las 5 claves de gestión emocional que trabajamos en la sesión.
Estoy seguro te van a aportar valor porque nos pasa a todos.
Al lío.
Los 3 problemas.
PROBLEMA 1. SALUD.
Estrés y ansiedad permanentes. Un nivel alto que le impide dormir bien por las noches.
Va acumulando cansancio hasta tal punto que en las reuniones se le cierran los ojos.
Y es la cabeza visible. El que da ejemplo. El que contagia energía a los demás.
Pero aparte de eso, lo que más nos preocupaba era el impacto en la salud.
Arrastrar un nivel tan alto de estrés de forma permanente preocupaba a su familia.
Porque se podía quedar dormido conduciendo el coche.
O le podía entrar un jamacuco en cualquier momento y quedarse en el sitio.
Aparte del impacto en las decisiones, que ya mencioné antes por ahí arriba.
PROBLEMA 2. QUEMARSE.
Este hombre vive frustrado con el personal. Todos los días hay problemas.
Todos los días de bombero. Que si no vienen a trabajar.
Que se distraen, van lentos, hablan más que trabajan.
Critican a los clientes y los clientes se enteran, le llaman y le amenazan.
Un desgaste continuo que quema.
¿Realmente merece la pena tanto esfuerzo?
PROBLEMA 3. ESTANCAMIENTO.
Su personal se acomoda a que él esté detrás controlando y corrigiendo.
Y él se resigna a estar trabajando el doble que ellos para hacer lo que no hacen ellos.
Al final él se convierte en uno más. Un empresario con casco de obrero.
Ejemplo.
En una reunión propusimos un cambio. El equipo accedió. Lo vio lógico.
Marcamos un plan de acción. Llegado el día no hicieron nada de lo planificado.
El empresario tampoco hizo nada al respecto. Parcheó el problema y lo siguió haciendo él.
Un mes más tarde, cuando pregunto, todo seguía igual.
Motivo por el que decidimos parar y trabajar esto en profundidad, de lo contrario, nunca saldrían de ahí.
Las 5 claves de gestión emocional.
LA ENFERMEDAD DEL PERFECCIONISMO.
Este empresario se había ganado su reputación por la calidad de su trabajo.
Es muy riguroso, exigente, perfeccionista, detallista y pide a su personal ese nivel que él sabe dar en el trabajo.
Nivel en calidad y velocidad de ejecución.
Pero la realidad es que prácticamente nadie de su equipo tiene ni la actitud, ni el compromiso ni el nivel de exigencia que él tiene.
Por lo que es una lucha constante y una frustración permanente.
La raíz del problema entonces es que se está exigiendo a sí mismo y a los demás un nivel (perfección) que no es realista.
Planteamos que la perfección es una palabra que describe una situación idealizada.
Que nos ayuda a definir una dirección pero que hay que contrastarla con la realidad del equipo.
La decisión más sana fue la de reemplazar el objetivo de perfección por el objetivo de excelencia.
Excelencia entendida como que cada persona de lo máximo que pueda dar y nosotros centrarnos en desarrollar el potencial de cada uno.
Ese simple cambio de chip, el de cambiar unas expectativas idealizadas por unas más realistas, ya ayuda a rebajar el nivel de tensión que te creas a ti mismo.

EL PODER DE LA ACEPTACIÓN.
Vinculado a lo anterior, no es lo mismo aceptar que resignarse.
Resignarse es equivalente a rendirse, a impotencia, a dolor, genera desgaste.
Aceptar implica entender la realidad de la vida y adaptar tus expectativas a esa realidad.
Por ejemplo.
Aceptar que es normal encontrarse con diferentes niveles de motivación, compromiso y ambición dentro del equipo.
Es naturaleza humana.
Por lo tanto, no tiene sentido exigirse lograr un equipo perfecto que trabaja y mira la empresa como el empresario.
Pero si es posible lograr un equipo competitivo, donde siempre habrá un 20% de personas problemáticas y que nuestro foco sea “pegar” los “acomodados” a los buenos. (para que no se contagien con los malos)
En definitiva.
Si te marcas expectativas más realistas.
Aceptas que siempre habrá un nivel de problemas.
Que el mejor objetivo es reducir esa cantidad de problemas diarios a un nivel aceptable.
Y que la mejor práctica es enseñar a la gente a que aprenda a resolver problemas por ellos mismos y de forma rápida.
Todo cambia.
Recuperas más foco y ganas más tranquilidad.
La aceptación es la base de la fortaleza mental.
RELATIVIZAR.
Definamos relativizar como la capacidad de darle la importancia justa a cada cosa.
A este empresario, como a muchas otras personas, cada problema del trabajo, le generaba una frustración enorme.
Una ansiedad que le afecta, le ciega y le hacía obligarse a quedarse más horas trabajando, todos los días, solucionando problemas.
Esa miopía por ansiedad es la que le encierra en el bucle.
Es la que te estanca en la inercia del día a día y te impide ver más allá.
Con el coste añadido de que por ocuparse él de todos los problemas, descuidaba su salud, su familia y su vida personal.
Hasta que se supera el límite, te pasa algo malo y ya se sabe, o “cambias de trabajo o cambias de actitud”.
Y aquí está la solución.
Darle la importancia justa a cada cosa.
Ahora ves que sin salud, te ciegas, tomas malas decisiones y te metes en un pozo sin fondo.
El cambio pasó por marcar límites y prioridades.
A partir de ahora, lo primero la salud (para que la ansiedad no te ciegue), lo segundo la familia o tu vida personal (sin energía ni equilibrio no tomas buenas decisiones) y lo tercero el trabajo.
Porque todo está conectado y ya sabes que si tú no estás bien, todo lo demás no
importa.
DESCARGAR LAS PREOCUPACIONES (VS ACUMULAR).
La mejor manera de eliminar una preocupación es ocupándote de resolver el problema.
Pero como siempre hay problemas, si no ponemos límites >>>> ni desconectas en casa, ni descansas por las noches y acumulas tensión hasta explotar.
El límite que pusimos fue el de respetar el horario laboral.
Fuera de él, seguirán llegando problemas y preocupaciones, pero en vez de volver al trabajo, planteamos una solución más saludable.
Esto es…. descargar el problema y la solución que se te ocurra en una libreta o en una grabadora, marcando el momento en el que te vas a ocupar de ella.
Es decir, le estás diciendo a tu cabeza (a tu miedo) que te vas a ocupar del problema, que lo tienes controlado, pero en otro momento más adecuado.
Tú decides el momento, que ahora descansar o estar con la familia es lo más importante.
¿Por qué funciona esto?
Porque un miedo / preocupación sólo es una película mental que demanda una
respuesta.
El truco está en que la respuesta no necesita ser inmediata.
Si escribes tu compromiso de ocuparte en otro momento (con lo que vayas a hacer) tu miedo percibe control, planificación, seguridad… por lo que se puede relajar y te deja tranquilo.
Todo esto vale para el 80% de los problemas, que no son importantes, ni urgentes, ni te corresponden a ti solucionarlos.
Si el problema es importante, urgente y eres tú el responsable, pues sí, lo dejas todo y te vas a solucionarlo. No hay otra.
Pero ojo, que esa categoría de problemas son solo el 5%.
TOMAR DATOS.
El dato mata el relato.
La gestión de problemas mejora si nuestras decisiones se basan en datos y en hechos objetivos y no en intuiciones u opiniones.
Ejemplo.
Habíamos implantando un sistema de incentivos en la empresa y un parte semanal donde se registraba y evaluaba el rendimiento del personal.
El reparto de incentivos a final de mes se justificaba en los hechos registrados en dicha herramienta.
Si alguien se quejaba y preguntaba por qué no le habían dado el incentivo, se sacaban argumentos irrefutables basados en los registros.
Todo volvía a la calma. Se veía justicia y meritocracia.
El problema es que la inercia del día a día hizo que se dejaran de registrar esos datos y que el reparto de incentivos se percibiera como subjetivo, dando lugar a comparativas y malestar.
Conclusión rápida: se retomó viendo el enorme valor que aportaba.
En resumen, la gestión emocional es fundamental para estar bien, fuerte, tomar mejores decisiones y ser más efectivo gestionando problemas.
Sin gestión emocional, las emociones son las que te ciegan, te bloquean, te controlan y te impulsan a sólo apagar fuegos (modo supervivencia) descuidando todo lo demás.
Espero que te sea útil.
Hasta la siguiente.